Un equipo de la Universidad del Sur de Florida trabaja en una terapia génica que, con una única aplicación, buscaría frenar el deterioro cognitivo canino. Todavía no se probó en perros, pero la historia de Ivy ayudó a darle impulso.
Ivy, la pug que se quedaba mirando la pared
Kate Heath empezó a notar cambios en Ivy, su pug de 12 años: se sentaba en silencio frente a la pared, dejó de dormir de corrido por las noches, se metía en rincones poco habituales y muchas veces parecía perdida dentro de su propia casa. También perdió visión y audición.
El diagnóstico fue deterioro cognitivo canino, una enfermedad que en muchos aspectos se parece al alzhéimer en las personas. Según contó Heath a la Universidad del Sur de Florida (USF), en el veterinario le explicaron que la demencia canina existe, pero que no había un tratamiento de fondo para ella. Ivy murió en febrero de 2024, y su historia terminó conectando a su dueña con el equipo de investigación.
Una “minifábrica” dentro del cuerpo
En Tampa, la investigadora Aurelie Joly-Amado, del Departamento de Farmacología Molecular y Fisiología de la Facultad de Medicina Morsani de USF, lidera un proyecto de terapia génica pensado para estos perros. La idea es usar un virus modificado, que no causa enfermedad, como vehículo para llevar instrucciones genéticas a las células del cerebro. Esas células comenzarían a producir una proteína protectora que reduce el estrés oxidativo, el daño celular que se acumula con la edad y que se asocia a las enfermedades neurodegenerativas.
Los tratamientos actuales se centran sobre todo en síntomas como la ansiedad o los cambios de conducta. Este enfoque, en cambio, apunta a la enfermedad en sí. Además, la meta es que baste con una sola inyección aplicada por el veterinario, en lugar de medicación de por vida. La investigadora lo describe como una pequeña fábrica dentro del cuerpo que sigue produciendo la proteína beneficiosa después de un único tratamiento.
Todavía en etapa temprana
Conviene ser prudentes: la terapia aún no se probó en perros. Según USF, mostró resultados prometedores en estudios previos con animales, pero el salto a los perros requiere producir cantidades mucho mayores del tratamiento y desarrollar nuevas formas de medir si funciona. Los próximos pasos serían los estudios veterinarios y, más adelante, la comercialización. No hay una fecha estimada para que llegue a las clínicas.
El equipo trabaja en el proyecto desde 2019, junto con la empresa Blue Zone Therapeutics, y cuenta con apoyo parcial de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) y del Florida High Tech Corridor. Según FOX 13 Tampa Bay, los investigadores buscan más fondos de los Institutos Nacionales de Salud y de fundaciones privadas.
Por qué los perros importan también para las personas
Los investigadores destacan que los perros desarrollan este deterioro de forma espontánea al envejecer, y por eso los consideran un mejor modelo para estudiar el alzhéimer humano. A futuro, el equipo quiere adaptar la tecnología para gatos y explorar posibles tratamientos para personas.
Mientras tanto, si un perro mayor empieza a desorientarse, cambia su forma de dormir o deja de reconocer lugares conocidos, lo recomendable es consultarlo con el veterinario: los tratamientos disponibles hoy pueden ayudar a mejorar su calidad de vida.
La foto de portada es ilustrativa.
Fuentes: FOX 13 Tampa Bay y USF Health (Universidad del Sur de Florida). Lee más noticias en www.historiasdeperros.com
