Una perra de dos años se escapó durante una visita al veterinario en Soldotna. Tras drones, trampas fallidas y semanas sin pistas, una foto tomada en un vertedero le devolvió la esperanza a su familia.
Bella Rose, una American Bully XL de dos años, llegó el 26 de agosto a una clínica veterinaria de Soldotna, en Alaska, para ponerse sus vacunas. Asustadiza, empezó a dar vueltas alrededor del hermano de su dueño, que tenía un brazo roto desde hacía una semana y soltó la correa para no caerse. La perra cruzó corriendo una avenida en plena hora punta y desapareció en el bosque.
Así empezó una búsqueda de 70 días, según contó a Alaska’s News Source su dueño, Rufus Arroyo, un trabajador del hospital Central Peninsula que lleva 20 años viviendo en Soldotna.
Drones, trapos con olor y un granero junto al territorio de osos
Arroyo dedicó sus días libres y sus noches a recorrer el bosque, abriéndose paso entre maleza y árboles caídos. Dejó trapos con olor y usó drones. Hubo avisos que no llevaron a nada: alguien oyó el tintineo de un collar y otra persona creyó verla refugiada bajo un granero derrumbado cerca de Slikok Creek, una zona conocida por la presencia de osos.
La organización Kenai Peninsula Animal Lovers le prestó trampas. Bella Rose llegó a entrar en una, pero se asustó y escapó. “Cada vez que teníamos un avistamiento, movíamos una trampa”, relató Arroyo. Después, el rastro se enfrió durante semanas.
La foto en el vertedero
El giro llegó con un aviso sobre una perra que arrastraba una correa en el vertedero de Soldotna, a pocos kilómetros del lugar de la fuga. Un hombre le envió una foto. “Supe al instante, por sus movimientos, por su cabeza, que era ella”, dijo Arroyo.
El personal del vertedero le permitió poner trampas, pero los horarios y las normas de seguridad impedían quedarse de noche. Tras varios días sin resultado, el padre de un amigo llamó al alcalde del municipio de la Península de Kenai, Peter Micciche. Según Arroyo, el alcalde acordó con el vertedero un plan para que pudiera pasar la noche en el lugar.
“No más correr”
Arroyo montó un corral de unos 1,2 por 2,4 metros con una placa de presión que cerraba la puerta, colocó una manta con olor conocido y se quedó vigilando las cámaras en vivo desde lejos. Bella Rose entró, escarbó la manta y la puerta se cerró. “No más correr”, recordó su dueño, que la describió sentada en un rincón, con la cabeza gacha.
El medio no da detalles médicos sobre su estado, aunque Arroyo cuenta que desde entonces la perra está en un periodo de recuperación en casa. Para él, nunca hubo duda de seguir: “No son perros. Son mi familia”, dijo. “Y lo volvería a hacer”.
La foto de portada es ilustrativa.
Fuentes: Alaska’s News Source (KTUU). Lee más noticias en www.historiasdeperros.com
